Los nuevos guetos digitales

Elegimos a los que piensan igual que nosotros o parecido. Buscamos a nuestros amigos para compartir con ellos o ellas una opinión sobre el largo paño de lo que ocurre. Las mismas aplicaciones nos sugieren conectarnos con personas que comparten algún algoritmo común con nosotros. Nunca tantos sujetos habían tenido múltiples impresiones navegando por el territorio simbólico de la opinión pública, esta vez, a salvo del temible control editorial de sus propietarios.

No obstante, la evolución de las redes sociales comienza a mostrar un rasgo preocupante. De tanto conversar con los iguales, los distintos parecen enemigos. Entonces, el diálogo es reemplazado por el adoctrinamiento. La conversación por la propaganda ideológica y la diversidad de puntos de vista por la uniformidad de las verdades absolutas en pleno siglo XXI. Es extraño cómo la extensión progresiva de la tolerancia y el multiculturalismo en la sociedad chilena, convive simultáneamente, con un incremento significativo de agresiones y descalificaciones en el debate público.

Es que las modernas plataformas tecnológicas parecen estar fundando comunidades virtuales más homogéneas que heterogéneas, más cerradas que permeables, con acento en lo que comparten sus usuarios, en las creencias e ideas que las unen y evitando -de paso- que se encuentren y dialoguen los que piensan distinto, y comparten diferentes modos de aproximarse a los acontecimientos del presente.

A cada lado del puente, ese lugar imaginario donde los extremos suelen encontrarse o evitarse, se empinan devotos y traidores, sacerdotes leales y abyectos revisionistas. Cada cual atado a su visión de mundo, busca un digno sinónimo para sus reflexiones, un espejo latente donde celebra la cúspide iluminada de su propio pensamiento. Al otro lado, en cambio, los que piensan diferente a mí, sucumben en su ideario equivocado, en su performance vacía de contenido, en su música insoportable, en su estandarte ideológico con colores que no son los míos.

Entonces, la vieja superficie democrática donde podían encontrarse moros y cristianos, conservadores y reformistas, queda atrapada en la lógica envolvente de los nuevos guetos digitales, cerrados sobre sí mismos, como un círculo perfecto, con virulentos mensajes a sus opositores y numerosos likes de sus amigos o seguidores.

Resulta paradójico constatar que cuando más oportunidades hay de comunicarse y compartir puntos de vista, más intolerancia parece crecer entre quienes añoraban un debate público más abierto y con menos controles editoriales. ¿Por qué nuestras comunidades de opinión e intercambio de ideas deben estar constituidas por personas que -preferentemente- piensan parecido a mí? ¿no es acaso deseable tener un espacio de conversación que aliente la diferencia del mismo modo que la complicidad? ¿desde cuándo un debate es positivo si solo logro convencer con mis ideas y no dejarme seducir con otros argumentos?

Vivimos una época extraña, de tecnologías que abren inéditas formas de comunicación e interacción a escala global y sin embargo, crecen nacionalismos que creíamos extintos. Un proceso inédito de ampliación de libertades (civiles, económicas y culturales) colisiona de frente con fronteras que se levantan en distintas partes del mundo. Universos que se expanden y comunidades que se cierran, algo de eso se manifiesta también en la manera en que todos los días interaccionamos a través de las redes sociales. Quizás y sin darnos cuenta, estamos fundando nuevos guetos, esta vez, digitales.

Alejandro Führer

Sociólogo, Magíster en Comunicación, Coach Ejecutivo.

Fuente: https://revistaopinion.cl/los-nuevos-guetos-digitales/

Posted on: December 22, 2019, by :

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