IRT: Innovación, Resiliencia y Talento.

Por Alejandro Fuhrer

Un modo de globalización se ha venido al suelo, en un vuelo directo, sin escalas. Miles de aviones de pasajeros aguardan su turno en hangares y aeropuertos. Según Waze el movimiento de vehículos que usan esta aplicación en el planeta se redujo en un 60% en las últimas semanas.

Es cierto, la globalización ya nunca será la misma. Era hora.

Incipientes procesos de industrialización deben emerger con una fuerza poderosa en países del tercer mundo. Sí, aquellos que hoy son meros espectadores de cómo las “grandes potencias” intensifican su marcha para generar una vacuna que enfrente esta pandemia, maximizando el uso de todo el arsenal tecnológico y científico que han acumulado durante décadas.

Sí, ellos son los protagonistas, nosotros estamos en la fila, intentando alcanzar un número y esperar nuestro turno para obtener -quizá- un ventilador mecánico que pueda salvar la vida de un compatriota.

¿Por qué abandonamos tempranamente nuestra capacidad de innovar cuando la sociedad global asomaba impetuosa? ¿cuándo nos convertimos en pasivos consumidores del valor agregado que solo algunas economías pueden proveernos en el mundo? ¿qué ortodoxia neoliberal nos vendió el cuento que no éramos capaces de ser “competitivos”?

Hagamos un poco de historia. Arica, siempre Arica. Polo industrial de Sudamérica. Nuestra Silicon Valley que dejamos morir en los años 70 y 80. El televisor Antú ¿Se acuerdan? Un proyecto impulsado por el presidente Allende que incorporó el diseño de ingenieros chilenos. Luego, apareció ese icónico televisor IRT Alba de 12 pulgadas, armado en nuestro país y que se masificó por todo el territorio nacional. Allí también se ensamblaron los Fiat 600 y la mítica Citroneta.

Dejamos de creer en nosotros como sujetos globales de innovación. Le cedimos a otros la capacidad de inventar el futuro. ¿Se acuerdan de la Fisa? Una feria anual que reunía las novedades del mundo en un solo lugar para ponernos al día. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Este evento ya no se realiza pues ahora las tecnologías se mueven por el mundo casi instantáneamente. Pero ¿cuánto de esa novedad proviene de nuestros propios talentos?

Es cierto, fue la doctrina del shock aplicada por Pinochet la que terminó de abolir nuestros trenes y también, la incipiente industria electrónica que emergía. Pero hace apenas algunos años, que también ha sucumbido la industria nacional del calzado, junto a otras actividades productivas de fuerte tradicional local. No le echemos la culpa de todo a la dictadura, es una elegante forma de no plantearnos algunos incómodos cuestionamientos.

Pero ese modelo, llega a su fin. Esa globalización que monopoliza la creatividad. Que fija el precio y el destino de nuestras “materias primas” comienza su extinción. Evolutivamente, los países del sur deben dar un salto urgente al desarrollo.

Es hora de que Chile se atreva. Corra riesgos. Implemente una estrategia intensiva en generación de conocimiento. En una alianza público-privada a largo plazo que acentúe la inversión en innovación y ofrezca un atractivo incentivo a esos talentos nacionales que, de otro modo, terminan insertándose en universidades y centros de investigación en el extranjero.

La ingeniera chilena Barbarita Lara, situada en 2018 por el MIT (Massachusetts Institute of Technology) en el mismo ranking de innovadores a escala global donde antes estuvieron los creadores de Google y Facebook, debe sentir que sus proyectos tienen sentido y respaldo en su país. Junto a ella, son cientos los chilenos y chilenas que día tras día persisten en caminos de innovación y emprendimiento sin el apoyo suficiente, en ausencia de un ecosistema institucional que aliente esas búsquedas.

Estamos próximos a celebrar 50 años desde que Chile decidiera nacionalizar la industria del cobre allá por 1971. ¿Cómo exportábamos nuestro principal mineral en aquella época? ¿Cómo lo hacemos ahora?

La ortodoxia vendrá nuevamente, con sus impecables argumentos para decirnos que no somos competitivos. La diferencia con aquellos países que han dado un salto gigantesco al desarrollo en las últimas décadas, es que allí, estas pesimistas visiones no prevalecieron. Ellos innovaron cuando tampoco eran competitivos.

IRT: Industria de Radio y Televisión una marca que nos acompaña desde los años 70 se actualiza hoy a IRT: Innovación, Resiliencia y Talento. La aventura de Chile recién comienza. Atrévete, dale play.

Fuente: https://revistaopinion.cl/irt-innovacion-resiliencia-y-talento/

Posted on: May 22, 2020, by :

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